Vivir escapando


Ambiente con fondo de Paramore, Green Day, Simple Plan, Sum 41, Avril Lavigne, Thirty Seconds To Mars, My Chemical Romance, Linkin Park e incluso suena Feel It All de Tokio Hotel.

Una mezcla de sensaciones, invaden mi cuerpo. No sabría definir ninguna, porque pueden ir desde la más pura inocencia y felicidad hasta la vena con más rabia y agresividad posible.

Acompaño todos esos destellos de música con cerveza para completarme, porque como ya he dicho, si estás huyendo de tus problemas, no sabes a dónde acudir y cierras todas las puertas para someterte a la soledad de estar contigo.

Aguantas las ganas de llorar. Esas putas ganas de querer reventar contra todo. Esas ganas de ser no sólo lágrimas, ni ira, ni descontrol. Esas ganas de querer gritar para liberarte de todo lo que callas en silencio. Es contradictorio, porque recuerdo un poema que escribí sobre las caídas de las personas, caídas que no se ven, pero que, si escuchas con atención al silencio, no hace falta nada más para no dejar caer a nadie. El silencio de una persona puede decir más que todo un conjunto de palabras, pero para ello necesitas ser una persona que se fija mucho en alguien, ¿no?

Que simple y aburrido es todo cuando no ves más allá de ti, pero que simple y aburrido cuando no veo a nadie más en mí.

Dejas que el tiempo sea quien te guíe. Dejas que tu entorno quede alejado. Dejas que tú, sin ser, decidas cometer errores en tu vida, porque yo me baso en aprender de ellos, por si cambia algo a bien, aunque llevo años sabiendo que aprender es tan difícil que te hace descuidarte de las lecciones y cuando quieres aprenderte todo en un día antes de un examen, suspendes.

Vivir escapando cuando ya estás encarcelada.




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