Estaciones.
Un día llegué a creer que no podía más conmigo,
que mi mundo estaba hecho pedazos,
que yo era una rosa llena de espinas y si te acercabas acabaría haciéndote daño.
Mi interior había pasado de ser la parte más bonita de Roma a convertirse en la parte de ruinas.
El dolor cada vez se ataba más a mí y siempre acababa llorando a mi propia vida.
El dolor cada vez se ataba más a mí y siempre acababa llorando a mi propia vida.
Me echaba de menos.
Parecía que mi primavera había marchitado como las flores y enero había vuelto para quedarse.
Sólo pude decirme que el buen tiempo tarda en llegar cuando tú sigues en invierno.
Me congelaba de frío, pero lo peor es que seguía creyendo que las estaciones son como los trenes: pasan por ti y se van.
La diferencia es que hay trenes que pueden pasar cada día, decidiendo tú si subes o bajas, pero en cambio, hay estaciones que permanecen en ti y no tienen billete de ida.
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